Hoy tome una decisión muy sencilla, y tengo el valor para hacerlo. Al paso de los años, me convertí en una mujer fuerte y creativa, bonita y en ocasiones graciosa. Los azares de la vida me han tratado bien, tengo quien vea por mí, quien sueñe conmigo, quien me haga grande por lo que soy.

Mi sencilla decisión no tiene nada que ver con el dolor de la soledad, ni con la moral a ras del suelo, o por lastimar a quienes jamás me han lastimado. Es la sensación de vacío hacia mi vida diaria. De que me servirá vivir más de lo que he vivido.

Encontré el amor, encontré la amistad y el gozo de la vida, a mi corta experiencia. Porque habría de permitirme perder todo aquello con la vejez.

El tiempo se marca en mi piel y en mis ojos, y perderé el brillo por la vida después de cuarenta años, después de cincuenta, después de muchos más. Quien me ama, me amara por costumbre y no por pación, quien me escuche no se impresionara más por mis acciones, pues ya no hare más acciones heroicas que las que hago ahora.

Ahora puedo explicar mis razones. Soy valiente al saber que la vida que me avecina es lejana a la que tengo conmigo. Un trabajo, una familia, una responsabilidad para con ella. Cuando sea vieja, no podre morir por mi propia decisión, porque tendré que cuidar a mis hijos, y guiarlos por el buen camino.

Una vida llena de miseria, mientras pienso en el suicidio a diario, sin el valor para poder hacerlo.

Así es, hoy es el mejor momento para terminar con mi felicidad. Hoy culmina la dicha de mi vida, con los mejores recuerdos, con mi mente lúcida y mi belleza intacta.

Así es, como termina la historia que escribí.

Hoy he decidido morir.